Posts tagged perversion

Pinares

Estoy que os voy a contar es muy embarazoso, y salvo una persona nadie más lo conoce. Tengo un tipo de trastorno, una morbosidad, depravación o gusto sexual algo fuera de lo común. Me gustan los pinares.

Todo empezó cuando tenía 11 años. Por aquella época me encantaba caminar por los prados y los bosques de mi pueblo, muy verdoso y con un pinar interminable. Como todo el mundo a esa edad, algo en tu interior se activa. Cuando ves un anuncio con erotismo por la tele, o la compañera de clase te acaricia con dulzura de forma insinuante, te da cosquillitas y te pones a mil. Pues lo mismo me pasaba a mí, pero solo cuando estaba rodeado de naturaleza. Es raro, lo sé, pero nunca lo entendí. Recuerdo memorables pajas con ciertos pinos, los más viejos sobre todo, con su dura corteza me frotaba con los pantalones puestos (no os recomiendo con los calzoncillos, hace arañazos) hasta que “eyaculaba”. Volver a casa después de mis paseos era fantástico. Mi madre siempre decía que me “reconfortaban” mis paseos. ¡Y tanto!

Al final nos fuimos a vivir a la ciudad, y con ello el abandono de mi pinar. Me eché una novia, rubia, despampanante, pero me daba igual, siempre que hacíamos el amor me quedaba mirando una maceta con un cactus que tenía. -¿Por qué siempre que hacemos el amor miras el cactus? – Me preguntaba siempre. – Es que así aguanto más, me concentro pensando en algo abstracto y ale, a disfrutar – Mentía

Un día, en un parque ( lo mas cerca que tenía para encontrarme a mí mismo), empezó a acariciarme mientras estábamos recostados en un gran árbol. Empecé a frotarme ( con la corteza del árbol) mientras ella me toqueteaba.

¿Qué haces? Preguntó…

Y ahí se lo conté todo.

Nunca he vuelto a saber de ella.

Otro día os cuento el problema de los muebles de Ikea… ¡Esos sí que tiene juego!

Comments (1) »

Qué asco de humanos.

Caminaba por la guarida del lobo esperando encontrarme con este, para así, echarle el polvo de su vida. ¡Los cojones que tienes lobo! ¡Se había cargado al maldito Alcalde de una maldita vez! Y a todo su rebaño, que trataba mejor incluso que a su pueblo.

Salí de ahí con decepción, quizás al saber que, aunque me hubiera matado, él se habría llevado la penetrada del siglo, y mucho más.

Al volver a casa, mis padres me miraron extrañado.

-¿Dónde has ido? Parecías tan convencido de quererle hacer algo al lobo, que nos asustamos al ver que tardabas tanto.

-Fui a su cueva, pero no estaba; y no teníais porqué asustaros, él habría disfrutado más que yo.

-¿Pero te das cuenta de lo que estás diciendo? Estás celebrando una muerte, las muertes nunca se celebran; ¡y menos aún marchándote a agradecérselo a un lobo! ¡y de qué forma! ¿¡Estás bien de la cabeza!? ¿Qué has fumado?

-Pero que dices mamá, yo lo que quería es darle la enhorabuena, por Dios, el maldito Alcalde nos tenía amargados.

-Me estas asustando con tu palabrería, ahora además se esta diciendo que puede que no fuere un lobo, así que ten cuidado con quien dices esas cosas, que te podrían acusar de cómplice o, asesino. Y deja de decir tonterías de hacer cosas con animales, por Dios.

Vaya cosa, follarse a un lobo; ellos sí que están mal follándose a alguien de su misma especie, joder, me parece repugnante, que somos idénticos salvo que uno tiene un agujero más; quiero encontrar a un animal que hable la misma lengua que yo, para así, poder follármelo con paz y gloria, y a saco, a lo salvaje joder, y encima que me entienda, para poder decirle: “chúpamela chita”. ¿No habéis leído las historias de Tarzán? Ahora no recuerdo su autor, pero yo creo que Tarzán es el personaje de un zoofílico reprimido, que, de una forma indirecta, demuestra como se siente en la sociedad actual, cuando Tarzán vuelve a la civilización, y éste quiere estar con sus animalitos; me parece estupendo, que quieres que te diga, y yo hubiera sido Tarzán, a la mierda los demás iguales que yo, que les den, yo solo quiero follar con la selva, que es lo que me pone.

En fin, qué mas da, de momento no puedo follar, los animales de la granja se alejan de mi solo al saber que estoy en casa; el otro día intenté tirarme a Miki, la vaca que nos da leche cada día, y nada, la tía ahí que no quería follar; vaya mierda de animales, son todos unos putos egoístas, si soy su puto dueño, pues me la follo cuando quiero y punto, que no se vaya cuando tengo la necesidad.

Imagen ilustrativa

Y el tema de la vecina cachonda ya es la hostia, que no se separa de mí cuando me ve por la calle; ya le he dicho que su coño continuará cerrado hasta que encuentre un tío que le guste, por que lo que es mi polla no piensa follársela, y yo mucho menos quiero presenciarlo.

Y aquí encima tengo a Blicky, una gata blanca algo joven, con ojos brillantes y una cara gatuna-angelical, joder, encima se pone a ronronear y las vibraciones hacen que me empalme… Esto ya no es una necesidad, es una puta enfermedad. Tengo que follarme a algo ya.

Comments (2) »