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Volar

Cuantas veces siendo pequeños nos hemos quedado mirando un pajaro… pensando en su aleteo, pensando en como suben y bajan por el aire, como juegan, y como lo hacen con tanta naturalidad… Cuantas veces hemos querido, nosotros, volar como ellos, poder agitar los brazos y levantarnos del suelo…

Supongo que es la naturaleza del hombre, desear lo que no se tiene y nunca estar contento con lo que el puede conseguir, esto,nos lleva a luchas constantes con nosotros mismos, envidias a los demas… e incluso, a los miedos.

Y es que hay cosas, que todavia, no están hechas para el hombre 🙂

Arf arf!

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Máscaras

Y es que todos tenemos una, o acaso alguien conoce nuestro verdadero yo? alguien le muestra a los demas como es, completamente, por dentro? yo digo que no, y creo no equivocarme cuando afirmo esto. creo que nadie puede presumir de tener a alquien que le comprenda, que le entienda por completo, ya que todos cargamos con nuestra máscara, a veces mas ligera, otras más pesada, pero máscaras al fin y al cabo.

Mucha gente, aunque no toda, esconde sus sentimientos en la totalidad, esto es, fingir. Fingir que reimos cuando estamos marchitos por dentro, sonreir cuando nuestros ojos piden llorar, evitar a la gente cuando realmente más la necesitamos… y todo esto por que? por el miedo. Tenemos miedo al que dirán, a que nos conozcan… Siempre he comparado al ser humano con un huevo, sí, con un huevo, duro por fuera y blandito por dentro. Desde fuera es muy dificil acceder a la yema, pero cuando alguien consigue entrar, solo moviendo un dedo puede destrozarnos por completo y aunque la mayoría de las veces logramos recomponernos y dejarlo todo en su lugar, otras tantas consiguen hasta rompernos la muralla… la máscara, y es que hay gente muy mala en este mundo y nos da miedo, pensamos que todos somos iguales y supongo, que en el fondo, no nos equivocamos… al menos no en la mayor parte de los casos.

Y ahora yo pregunto, es bueno cargar con esta máscara?

Arf arf!

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Miedos

Los seres humanos no estamos preparados para el miedo, no nos sabemos comportar con dignidad.
No hay más que ver la cantidad de gilipolleces que hacemos cuando tenemos miedo…
Porque vamos a ver: tú estás por la noche en la cama y oyes un ruido extrano ¿y qué haces?
¡Te tapas con la sábana!
¡Muy bien! ¿Qué pasa, que la sabana es antibalas?
¿si viene un malo con un cuchillo no va a poder atravesarla,
se le va a doblar la hoja?
¡Hombre, por favor!
¿Y cuándo nos da por mirar debajo de la cama?
¡Hombre, qué ya tenemos una edad!
Además, suponiendo que haya un asesino debajo de la cama ¿qué ganas mirando?
¡Qué te mate antes!
Muy bien, fantástico… ¿Se imaginan que un dia nos encontramos a alguien debajo de la cama?
¿Qué le diriamos?
— Buenas nocheeees… ¿Qué? Asesinando ¿no?
— A ver, hay que ganarse el pan…
— ¡Pero hombre de Dios! Salga de ahí que se va a quedar frío. Ande, suba, que va a coger asma con tanta pelusilla. Máteme en la cama, que estará más cómodo…
Otra reacción estúpida ante el miedo es mirar dentro del armario, que ya es el colmo…
Porque, vamos a ver ¿a alguien le cabe un señor dentro del armario?
Pero si el día que planchas no sabes dónde meter toda la ropa, ¿cómo se va a meter un tío ahí dentro?
Otra situación: oyes un ruido raro en casa y te levantas, acojonao en calzoncillos, y preguntas:
— ¿Hay alguien?
¿Pero qué crees, que si hay alguien te va a contestar?
Lo mejor es cuando llegas a la conclusión de que si hay alguien sólo puede estar detrás de la puerta del cuarto de baño, porque lo demás ya lo has registrado y, ¿qué haces?

Asomas la cabeza poco a poco, más que nada para que, si hay alguien, te dé agusto…¡Ay!
Otra. Vas en un coche y, de repente, el conductor empieza a correr como si fuera Carlos Sainz, pero
sin Carlos y sin Sainz, y tú acojonado… ¿qué haces?
Lo normal, protegerte: te agarras a la asita de plástico que hay encima de la puerta…
Ya se puede estampar si quiere, que tú vas cogido a la asita…
En esta situación, las madres lo que hacen es que se agarran al bolso y se lo ponen delante, como si fuera un airbag…
¿Y cuándo vas en bicicleta bajando una cuesta y aquello se embala? ¿Qué es lo que se te ocurre?
Quitar los pies de los pedales.
¡Muy bien, muy inteligente!
Cuando te descontrolas del todo, sueltas también las manos del manillar.
Eso es… Pero ¿qué crees que va a pasar?
¿Qué vas a salir volando como E.T.?
Cuando nos van a poner una inyección,
¿qué hacemos? Poner el culo tan duro que la aguja rebota… Sabemos que duele más, ¡pero no podemos evitarlo!
Y es que el miedo nos incita a hacer una idiotez detrás de otra: tienes que bajar al garaje y no hay luz.
Empiezas a pensar en fantasmas o en si habrá alguien escondido y, ¿qué haces?
Cantar.
¡Miedo, tengo miedo, no lo sabes tú muy bieeeeeen!
Eso es, da más datos. Lanza una bengala.
¿Y qué pasa si vas por la calle y de pronto ves a alguien y piensas que te va a atracar? Pues te cambias de acera. Seguro que si es un atracador, pensará:
— Mierda, otro que se me ha cruzado de acera, ¡qué nochecita llevo!
Pero ¿por qué hacemos esto? ¿Qué pasa, que los atracadores sólo atracan en la acera de los pares?
¡Ay! El otro día iba en el ascensor con una mujer a la que no conocía de nada y de repente el ascensor hizo
un extrano ¡¡brrrrramb!! ¿Y qué hizo la señora?
¡Agarrarse a mí!
Es una reacción típica de las mujeres.
Deben de pensar que los hombres no caemos cuando se descuelga un ascensor.
No hay que olvidar que unidas a nuestras reacciones estúpidas, están las que tiene el cuerpo por su propia cuenta.
Una de ellas es temblar.
Si, por ejemplo, hay un ladrón en casa y nos escondemos debajo de una manta, el hombre no tiene problemas para encontrarnos.
Nos ponemos como un móvil en opción vibrador.
Otra reacción estúpida es la de quedarte paralizado.
Si viene un coche hacía tí y está a punto de atropellarte, esto es todo lo que se le ocurre a tu cuerpo… ¡quedarse quieto!
Más reacciones que tiene el cuerpo por su cuenta… gritar.
Claro que sí, muy lógico…
Si estás friendo un huevo y se te prende la sartén ¿qué se te ocurre? Gritar. Te pones a gritar como un loco:
— ¡¡Qué se me queman los huevos!!
Y si viene otra persona, se une a tí con sus gritos:
— ¡¡Qué se te queman los huevos!
Pero, ¿qué pretendemos? ¿Apagar el fuego a gritos?
¡Hombre, por favor!
Y luego está lo de cagarse de miedo.
¿Habrá algo más estúpido y más inútil que cagarse de miedo? Bueno, sí, morirse de miedo…

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